Transgresiones
Tengo una amiga que no sabe transgredir las normas. Nunca cruza un semáforo cuando está en rojo para los peatones, paga sus impuestos, no defrauda a Hacienda. No es capaz de ser infiel a sus parejas cuando las tiene y para estar con una persona nueva, aunque sea un rollo de una noche, tiene que no estar atada a nadie. Ella es así, suele decir que no está hecha para esta vida, que es una antigua. Yo no creo que sea esa la cuestión, pero es lo que ella dice.
Hoy he ido a mediodía a comprar con ella y ha encontrado unas gafas de sol que le gustaban; curiosamente, las que ella ha cogido del expositor no tenían ni alarma ni etiqueta de precio.
Me ha mirado con ojos interrogantes. Creía que iba a cogerlas con naturalidad y a no pagarlas, pero las ha dejado y ha cogido otras iguales del expositor que sí llevaban la etiqueta. No tienes remedio, le digo. Sí, soy tonta, lo sé, nadie se habría dado cuenta, pero no soy capaz.
Pasamos por caja, paga sus gafas y una blusa.
Da tiempo para un café, me dice, venga, antes de subir a la oficina, da tiempo.
Nos metemos en una cafetería abarrotada de gente.
Mira sus gafas de sol y sonríe como si se avergonzase de no haberse atrevido a sacarlas de la tienda sin pagarlas. A robarlas.
Eso es robar, Grace, me dice.
Por alguna razón le empiezo a soltar una charla interminable sobre las normas, sobre lo correcto y lo que no lo es, sobre que a veces lo que no es correcto también vale, sólo por animarla a que se suelte o por provocar “algo” en ella, ni siquiera sé por qué le estoy diciendo lo que le estoy diciendo.
De repente se pone muy seria.
No soy una santa, no lo soy. No, dice. Las “normas” de las que tu hablas, las infrinjo, pero no las que me dices, sino otras, las básicas que se supone que no se salta nadie, proque me hago daño, más del que te puedes creer, y porque he dejado que me lo hagan,
Sé que estoy palideciendo pero la escucho.
Vale, no robo unas gafas de sol en una tienda, porque me dan igual, las pago, es lo que hay que hacer, pero se supone que lo que llevamos todos a fuego que es el instinto de conservación, a mí eso no me funciona. Me he hecho daño, Grace, mucho daño, físico y supongo que moral, por extensión. y he permitido que me lo hicieran, ¿sabes?. La miro y no veo lágrimas en sus ojos, pero sí esa expresión de quién debe haber agotado ya todos los llantos del mundo.
No sé por qué he sacado el tema.
No sé por qué ella, ni sé por qué a ella. No em lo esperaba ni creo qu enadie se lo esperase.
Nunca he hablado de esto. Todos infringimos normas, Grace. Todos.
Es verdad, yo me he visto reflejada en tu amiga. Soy de las incapaces de ocultar unos eurillos a Hacienda, de llevarse algo de una tienda e incluso de coger unos días de permiso a los que tengo derecho pero que no necesito.
Y por otro lado he permitido durante años que me machacaran inmisericordemente. Quiero autoconvencerme de que tengo la disculpa de que era muy joven, pero no sé si vale.
Kotinussa
abril 15, 2010 a 5:45 pm
Sí, yo también me identifico demasiado, a lo mejor por eso no la comprendo, porque me gustaría que no hubiese nadie así, porque creía que era yo la rarita….
Increíble Grace
abril 15, 2010 a 5:55 pm