La empresa en la que trabajo no iba a ser una excepción y en enero empezarán a hacer la lista negra de personas que irán (¿iremos ?) al paro. Si no está hecha ya, claro.
Lo cierto es que él tampoco tiene un trabajo fijo y, de momento, está haciendo una sustitución de baja por maternidad. Así que no es algo improbable que nos veamos la próxima primavera en casa, de caminito a la oficina del INEM y todas esas cosas.
Sin embargo no estoy estresada. Creo que después de haberlo pensado y haber calculado y hecho números durante una semana (con dolores de cabeza, angustias diversas, insomnio y hasta alguna llantina escondida), me parece que puede no ser tan dramático (siempre que el Euribor baje lo previsto).
Y yo pensando en la maternidad. Es para matarme.
O a lo mejor para seguir viviendo con ilusión.
Sí, soy irresponsable mirado friamente. Pero me siento en un momento de mi vida muy estable física y anímmicamente, con una pareja estable y una relación sólida y una pequeña familia. Y lo mismo no podré llevarle a una escuela infantil bilingüe pero… el tiempo adecuado no es necesariamente el tiempo que parece adecuado.
Y, lo más curioso del tema… me siento feliz.
Lo mismo estoy más loca de lo que creía.
O no.