Maternidad
Las veces que han venido a casa me temblaban hasta las pestañas. Mis ojos miopes ganaban de repente toda la agudeza visual que nunca han tenido para perseguir a dos pequeños demonios maleducados y perversos en forma de niñas de 2 y 4 años que, lamentablemente, son la prole de la mejor amiga de mi futuro señor marido y actual compañero de piso. ¡Agh!
Es que tú no tienes una casa a prueba de niños, me dice la madre airada después de pillarme bajando “amablemente” pero con cara de perdonavidas a su niña pequeña del respaldo de mi sofá de cuero beige. Es que a tus niñas no hay casa que las resista, aunque las paredes estuviesen sin dar de llana, chatina, me dan ganas de responderle, pero como soy muy maja, aunque mi mirada de perdonavidas exprese lo contrario, me encojo de hombros y sonrío.
No son un caso aislado. Mis sobrinos medianos son dos adolescentes odiososo que han sido niños más odiosos aún si cabe, caprichosos, mimados, crueles, patarrones, irrespetuosos… y a los que trato por todos los medios de no tratar porque me caen mal.
Y parece que es de ser mala persona que unos niños te caigan mal.
Y sus señores padres se mosquean muchísimo y te dicen que tú no lo harás mejor y que lo único que te molesta es que tú no tienes descendencia y hasta me han llegado a tachar de egoísta obsesionada con su cuerpo que prefiere usar una talla 36 a quedarse embarazada y perder la visión de sus propios pies sólo por razones estéticas.
Y yo…
… me planteo la maternidad. Cada vez con más convicción, aunque la madre naturaleza no ande tan convencida como yo. Sin embargo, no hago más que pensar en si será verdad y tendré hijos tan odiosos como las dos niñas diabólicas que en 5 minutos patearon de cabo a rabo mi sofá, casi se cargan una planta y le hicieron un agujerito a una lámpara con pantalla de papel, todo eso sin pestañear y ante la mirada indiferente de unos padres que pasan del comportamiento permisivo-pasivo a la histeria chillona en cero coma tres segundos.
Me aterra no poder hacerme con mi retoño; que su hiperactividad y curiosidad infantil acaben convirtiéndose en mi desgracia e histeria. Me aterra que cuando crezca un poco me eche en cara que he fumado, bebido, dejado de comer por voluntad propia, vivido con un psicópata, tatuado y perforado mi cuerpo y que no tengo autoridad moral suficiente como para dar consejos o pretender educar con el ejemplo.
Me asusta sobremanera criar un pequeño monstruo cruel e insensible que cuando le diga que lo voy a castigar por algo me responda (como uno de mis sobrinos medianos a su padre) que le da igual, que ya se resarcirá cuando yo sea vieja y me deje en una residencia apestosa.
Pero lo que más me asusta no es que sea el ser humano más horrible sobre la tierra, sino que la culpa sea mía.
Supongo que toas esas cosas las piensa uno en algún momento de la vida.
Cada mes cuando llega mi menstruación siento alivio por no tener que plantearme, de momento, todo esto, pero también una frustración tremenda y cierto dolor.
Y no, no es el reloj biológico ni el instinto maternal ni esos cuentos.
Es algo mucho más absurdo y egoísta, si me apuras.
Es que lo mismo, por una casualidad de estas que se dan una vez entre mil casos, a lo mejor estoy preparada y a lo mejor lo hago bien.
Y no quiero quedarme sin saberlo.
Estoy segura que, dado el caso, serías una mamá estupenda.
Creo que todas las personas con más de dos dedos de frente hemos pensado esas cosas alguna vez.
Yo, todos los viernes, aguanto a dos pequeñajos y tengo ganas de arrancarme la piel a tiras… pero creo q si fueran made in Yo, sería todo de otro modo…
Un beso enorme!!
Ainhoa
Diciembre 2, 2008 a 7:52 pm
Pues yo la verdad es que no tengo ningunas ganas de ser madre, principalmente porque no me gustan los niños, los bebés me enternecen, pero eso sólo dura unos pocos meses. La gente suele extrañarse o acusarme de egoísta, de rara o mil cosas más, o que ya cambiaré de opinión, no sé, por el momento lo tengo muy claro, no me gustan los niños y nunca me han gustado. Quien sabe a lo mejor sí es cierto eso del instinto maternal.
También entiendo que cuando el hijo es de uno mismo todas esas “travesuras” se ven de diferente manera.
Harlemblack
Diciembre 2, 2008 a 9:31 pm
Yo no tengo hijos ni sobrinos, pero por ciertas circunstancias prácticamente he criado a tres niños que ahora tienen 20, 21 y 22. Y la verdad es que aunque no tengo instinto maternal ninguno ni nadie me explicó lo que se debía o no se debía hacer, mis tres casi-hijos han salido estupendos: responsables, estudiosos (el mayor está en 5º de Ingeniería Industrial con todo limpio con 22 años), simpáticos, divertidos, cariñosos y hasta guapos de morir.
Y no veas lo orgullosa que me pongo cuando me cuentan que recuerdan conversaciones y consejos que les di hace un montón de años, me agradecen cómo les transmití mi amor por la historia y el arte, a ellos, que son de Ciencias, y muchas otras cosas más.
Creo que sólo hace falta tener auténtico sentido común y puede que en algunas ocasiones de tu vida tú no lo hayas tenido, pero todos maduramos y de jovencillos irresponsables podemos convertirnos en maduros bastante aceptables, lo que nos permitirá capear el temporal. ¡Ánimo!
Kotinussa
Diciembre 4, 2008 a 3:39 pm
Quizá me equivoque porque aún no he tenido descendencia, pero estoy convencida de que esas pequeñas fieras que todos conocemos son así por la educación que (no) reciben.
Parece que hoy en día eso de reñirles por algo que hacen mal, poner un castigo o darles límites, responsabilidades y obligaciones a los niños es poco menos que un crimen. Y claro, así están las cosas. Un niño que maltrata a sus padres no empieza a hacerlo de un día a otro, lo hace porque siempre se le ha permitido hacer y decir lo que quería cuando quería, y sin tener que cargar con las consecuencias. Y no hablo por hablar, lo veo en muchos casos, por desgracia.
Sé que es peligroso decir esto en los días que corren, pero creo que una chaparreta en el culete (eso de sacudirles el polvo) o un “no” a tiempo hacen mucho bien a un niño a la larga, pero claro, a ver quien es el guapo que dice que le da un cachete a su hijo cuando se porta muy mal.
Merche, serás una buena madre. Seguramente se te caiga la baba con cada gesto que haga la criatura, pero me pareces una persona con la cabeza bien amueblada y estoy segura de que sabrás educarle.
Patricia
Diciembre 11, 2008 a 3:11 pm
Pues los hijos deben educarse, supongo, sin tiranía ni violencia. Sin embargo yo también he pensado mucho, qué tal si tengo un hijo que resulta por naturaleza un huracán indomable y generador de histerias… da miedo, creo que primero debo conocerme mejor a mí y saber si cuento con la paciencia necesaria en casos de emergencia, sino, pues ¿para qué hacerse uno la vida miserable y además hacérsela a otra persona que ni la debe ni la teme?
mobtomas
Diciembre 13, 2008 a 8:11 pm
Va a parecer que me repito (encima tarde) pero creo que vas a ser una madre cojonuda. Y hablo en futuro cercano. Hala.
Su
Diciembre 23, 2008 a 1:37 am